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LIBRO DE HORAS DE LUIS DE LAVAL

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Notas Previas

  • Referencia: Biblioteca Nacional de Francia, Lat. 920
  • Dimensiones: 243 x 172 mm.
  • 700 páginas en vitela.
  • 1234 miniaturas, 147 de página completa.
  • Facsímil comleto de Siloé. arte y bibliofilia.

Entorno histórico

A lo largo de la Baja Edad Media se va produciendo un cambio en la praxis religiosa de la Europa cristiana hacia formas de piedad de corte más individualista que desarrollan modos más personales y directos de comunicarse con Dios, lo que fomenta la aparición de los libros de horas. Estos reflejan las devociones personales de los personajes que los encargan, hasta el punto que en el siglo XVI llegarán a tener contenidos tan heterodoxos que llevaron a la Iglesia a su prohibición para evitar desviaciones peligrosas, aunque para entonces estos libros de horas formaban ya uno de los grupos de obras más interesantes del arte de su época y que al mismo tiempo son un reflejo del espíritu religioso en el final del medievo europeo.

Luis de Laval, hijo de una familia aristócrata bretona, fue señor de amplios dominios que apoyó siempre a Carlos VII de Francia contra los ingleses en la Guerra de los Cien Años, caballero de la Orden de San Miguel y ocupó puestos de gran importancia en la Corte. Destacado bibliófilo, contó con los mejores miniaturistas de Francia para la confección de su Libro de Horas, obra fundamental del taller de Jean Colombe, artista que ya había participado en El Libro de las Muy Ricas Horas del Duque de Berry. El de Lavall, que fue comenzado hacia 1470-1475 y continuado entre 1485-1489, colaboraron también artistas tan importantes como Jean Fouquet, uno de los más afamados pintores e iluminadores de la segunda mitad del siglo XV, el Maestro del Misal de Yale o Guillaume Piqueau entre otros.

El libro fue legado a Ana de Francia, duquesa de Borbón y posteriormente pasó a las colecciones reales en la confiscación de bienes al condestable de Borbón. En la actualidad se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia.

Descripción

Los libros de horas, que aparecen a final del siglo XII, recogían de forma abreviada los programas de rezos de los clérigos, repartidos en momentos concretos del día, para su uso por parte de los laicos. De la larga serie de liturgias que solían recitar los monjes en las horas canónicas, los libros de horas seleccionan los más sencillos, centrándose habitualmente en el Oficio de la Virgen, los Salmos Penitenciales y el Oficio de Difuntos, conservando la cadencia diaria y las pautas del ritual de las horas. Solían ir precedidos por el calendario y el santoral a los que se fueron añadiendo variantes como nuevas oraciones, pasajes evangélicos u otros reflejos de las tendencias y devociones propias del entorno en que se escribieron, a la vez que se iban conformando a los gustos y las preferencias religiosas de la persona a la que están dedicados, hasta el punto de que llegaron a ser valiosos objetos de arte familiares que pasaban de generación en generación como salvaguarda de la historia familiar, inicialmente de la alta nobleza, que se fue extendiendo a las grandes familias de la burguesía.

El Libro de Horas de Lavall es un manuscrito de 700 páginas en vitela de 243 x 172 mm, formato pequeño como el de la mayoría de los manuscritos de este tipo. Con sus 1.234 miniaturas decoradas con profusión de oro, de ellas 157 a página completa, constituye un conjunto iconográfico excepcional, reconocido como el libro de horas más espectacular, uno de los más fastuosos ejemplos de la iluminación francesa de todo el siglo XV, considerado el manuscrito más ampliamente decorado anterior a la imprenta.

Es imposible en este contexto hacer la descripción de una obra como ésta, resultado de la voluntad de un gran bibliófilo que no reparó en medios para conseguir que los mejores artistas franceses del momento colaboraran con el taller de Jean Colombes. entre los que destaca el gran Jean Fouquet, que llegó a ser pintor del rey.

Es importante destacar aquí que una obra de esta categoría exige una planificación exhaustiva del trabajo de los artistas y de la ejecución de cada miniatura, que solía comenzar con una primera etapa de dibujo general sobre el pergamino, para seguir con el coloreado del fondo, luego el de los personajes, para terminar con la cabeza y el rostro, tareas que podían corresponder a distintos artistas, reservando los rostros para los de mayor calidad. En este caso se atribuyen gran parte de los rostros al llamado “Maestro de los rostros de Cristo” que se distingue por sus rostros suavemente aterciopelados de expresión serena, aunque las miniaturas de mayor significado son terminadas por los artistas de más renombre como Piqueau, Colombe o Fouquet. Por ejemplo, la imagen de Luis de Lavall orante del folio 51, considerada como la cumbre artística del manuscrito, es atribuida al propio Fouquet.

Este libro de horas puede ser considerado como el mejor exponente de la sociedad francesa de finales de la Edad Media, ya renacentista, su religiosidad, tan distinta a la de los siglos anteriores, su cultura y el nivel de calidad al que llegó el arte de la Miniatura, en una obra en la que participan los mejores pintores de esa época.

Conclusiones

 

Bibliografía

Siloé, LIBRO DE HORAS DE LUIS DE LAVAL. ESTUDIOS  Christine Seidel y Samuel Gras 

Portales

 

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