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Las copias del Comentario de Beat: Los Beatos

Como ya hemos comentado, se han conservado muy pocos manuscritos españoles anteriores al siglo X, aunque existen muchas referencias a una gran cantidad de obras de autores hispánicos a partir de la segunda mitad del siglo VI y de muchos scriptoriums cristianos tanto en el reino visigodo, como posteriormente en la España árabe y en el reino de Navarra. El original de los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana es uno de esos manuscritos desaparecidos, pero en este caso la obra debió ser muy conocida y, por muy diversos motivos, despertó el interés de los responsables del culto cristiano en los territorios reconquistados, lo que coincidiendo con el gran auge de la vida monástica en el siglo X y con la eclosión de la miniatura mozárabe, en la que floreció toda una generación de iluminadores de enorme calidad y capacidad creativa, ha permitido que lleguen hasta nosotros, dentro de un amplio conjunto de códices miniados, un importanteBeato de Turín (1109) número de copias del «Beato», datadas entre los siglos X y XIII, algunas muy completas y en un adecuado estado de conservación.

Desde el redescubrimiento del la miniatura mozárabe a principios del siglo XX, cuyo momento estelar fue posiblemente la exposición de manuscritos miniados españoles que organizó en Madrid la Sociedad de Amigos del Arte en 1924, se han efectuado multitud de estudios sobre los beatos, por parte de investigadores de la categoría de Gómez Moreno, Camón Aznar, Díaz y Díaz, Neuss, Sanders, Willians o P. Klein entre otros, en los que se analizan tanto los textos como las características de sus ilustraciones y los diferentes estilos artísticos de sus iluminadores, así como las distintas influencias que se pueden encontrar en ellos. Dado que un estudio detallado en estas áreas está fuera de los objetivos de este trabajo, incluimos a continuación un breve resumen de nuestras conclusiones en cada una de ellas, indicando en nuestra página de Bibliografía los títulos que podemos recomendar para ampliar esta información.

I- Textos

Aunque todos ellos respetan la estructura del original, en relación con su texto se distinguen tres familias de beatos, para las que se han utilizado las nomenclaturas I, IIa y IIb, basándose en una teoría que supone que el propio Beato creó tres ediciones diferentes de los Comentarios, la primera en el año 776 y las otras dos en 784 y 786 y considerando que las dos primeras dan origen a la familia I, la de 786 a la IIa y que una modificación posterior de ésta generaría la rama IIb. Otros autores, aún respetando la clasificación, consideran que todos los códices de los beatos arrancan de un solo prototipo, prácticamente terminado en el año 776 y dado por concluido por parte el monje de Liébana en 786, del que sucesivas copias a partir de 776 dieron origen a las diferentes familias textuales. Esta segunda opción nos parece más probable ya que es difícil pensar que en los años en que se datan las dos últimas versiones, época en la que Beato estaba en plena controversia con Elipando, que duraría hasta el concilio del año 792, pudiera dedicarse a escribir nuevas versiones de una obra tan amplia y que había terminado casi diez años antes.

Según dicha clasificación, generalmente aceptada independientemente de la teoría que se adopte sobre el origen de estas familias, la distribución de los beatos conocidos hasta el momento -utilizando en cada Beato su nombre de uso más habitual e indicando su situación actual y la fecha aproximada de su terminación- sería la siguiente:

A esta lista hay que añadir el recientemente descubierto Beato de Ginebra, de procedencia italiana, que ha aparecido en la Biblioteca de Ginebra y está pendiente de un estudio que permita determinar a que familia pernenece.

II- Ilustraciones

En cuanto al análisis de las ilustraciones que contienen, es evidente que tanto sus características técnicas como su estilo pictórico están directamente relacionados en cada momento con el resto de la miniatura mozárabe española, hasta el punto de que en algunos casos, se han atribuido al iluminador de un Beato algunos manuscritos de otros tipos. Existe una relación que podríamos definir como biunívoca entre los desarrollos artísticos que se observan a lo largo de esos años en los beatos y los que se producen en biblias, antifonarios y otros códices.

Desde nuestro punto de vista, no sólo el Beato original estaría ya iluminado, sino que posiblemente sus ilustraciones estarían inspiradas en un manuscrito anterior del Apocalipsis, que ya definiría el modelo y la situación de la mayoría de las miniaturas que se irán repitiendo de forma prácticamente idéntica en el original de Beato y sus copias posteriores y que además aportaría todo el conjunto de influencias artísticas autóctonas, paleocristianas, norteafricanas, orientales y bizantinas que la decoración esculpida en algunas iglesias como San Pedro de La Nave o Quintanilla de las Viñas hacen patentes en el arte visigodo del siglo VII. Posteriormente existe un periodo de más de cien años en el que se debieron efectuar varias copias, de las que sólo nos ha llegado un único folio del Beato de Cirueña, de gran interés ya que demuestra la existencia de copias anteriores a la gran eclosión de la miniatura mozárabe del siglo X, con la misma estructura de textos e imágenes de los grandes beatos posteriores, aunque con una técnica aún muy primitiva.

Pero es en el siglo X y principios del XI cuando, gracias a la aparición de grandes miniaturistas como Magio, Florencio o Emeterio Beato de Navarra (Finales del S. XIItrabajando en los scriptorium de muchos de los monasterios que durante la repoblación se fueron creando en León, Castilla y La Rioja, la miniatura española llegó a las más altas cotas de calidad y de imaginación. Respetando escrupulosamente la estructura de las imágenes del original, estos artistas pudieron utilizar con una gran libertad tanto todos los conceptos estilísticos ya existentes en los manuscritos anteriores como las aportaciones que habían recibido del arte islámico y las nuevas tendencias provinientes del mundo carolingio y de la miniatura irlandesa.

Como en el análisis de los textos, también se distinguen dos familias en base a la composición de las imágenes de los beatos. Se supone que los de la primera seguirían fielmente la estructura de imágenes del beato original y está formada en su mayor parte por los manuscritos desarrollados en la Rioja y Navarra, mientras que los de la segunda familia, que incluirían las nuevas aportaciones de Magio en el Beato de San Miguel de Escalada, proceden generalmente de los monasterios situados en los territorios de León y Burgos.

En dicho Beato, aparece una serie de nuevas imágenes que incluyen entre otras los retratos de los Evangelistas y las tablas genealógicas inexistentes en los manuscritos de la rama I, añadiendo además el Comentario ilustrado al Libro de Daniel, todo ello para «anunciar el juicio tremendo que espera al mundo y para gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu», como el mismo Magio nos explica en su colofón. Estas imágenes al pasar a formar parte de algunos beatos posteriores han sido considerados como el elemento diferenciador de los beatos de la segunda familia pictográfica.

III- Características artísticas

Los beatos que han llegado hasta nosotros forman un subgrupo del conjunto de códices producidos en España a partir de finales del siglo IX, por lo que en este tema es válido todo lo expuesto en el apartado anterior. Aquí únicamente debemos añadir que se siguieron desarrollando nuevas copias de los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana hasta entrado el siglo XIII, por lo que, aun manteniendo fielmente alguna de las estructuras del texto y las ilustraciones descritas, encontramos «Beatos» que son claramente románicos e incluso de comienzos del estilo gótico. En nuestro estudio hemos incluido también estos «beatos» a pesar de su fecha de creación porque entendemos que completan un ciclo de gran interés abierto en el siglo VIII.

 

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