El entorno cultural

La cultura en la España Altomedieval

La desintegración de la administración pública romana como consecuencia de la caída del Imperio trasladó a los altos estamentos de la Iglesia gran parte de las tareas de dirección de una sociedad que era en su mayor parte cristiana. El paganismo sobrevivía en algunas zonas rurales como residuo de la cultura ancestral campesina, pero en el siglo V no había peligro de que se organizase en una iglesia aparte. Ser cristiano en occidente equivalía, para la mayoría de la población, a ser católico.

Esta realidad, sin embargo, no suponía una fuerte sujeción a Roma. Las iglesias nacionales gozaban de una gran libertad para asumir y promover la educación y la cultura,  actividades que adquirieron una importancia fundamental durante la monarquía visigoda, como se refleja en las referencias a la creación literaria de la mayor parte de los personajes importantes de esa época, en los libros de vidas de santos y de otros “varones ilustres”, y en las historias de los visigodos,  suevos y vándalos que escribió San Isidoro. Pentateuco Ashburnham. (Siglo VII)

Sabemos que la Iglesia hispana, de acuerdo con las directrices que provenían de Roma, creó centros de formación de clérigos y monjes en las sedes episcopales y en los monasterios, en un programa que incluía su alfabetización, basando gran parte de su labor posterior en la transmisión a sus fieles de los contenidos de un conjunto de libros “espirituales” y en la utilización de libros “litúrgicos” en los actos de culto. Esto implicaba la necesidad de disponer de una importante cantidad de esos libros, lo que se consiguió creando bibliotecas y scriptoria en las principales ciudades y en los grandes monasterios, algunos de ellos fundados por monjes norteafricanos. La presencia en tierras hispanas de estas comunidades se debió a la persecución de los cristianos afectos al Primado de  Roma, primero por parte de los vándalos arrianos afincados en el Norte de África, y posteriormente por las autoridades bizantinas. Por esta razón se instalaron en el levante y el sudoeste de la península, trayendo consigo sus bibliotecas y aportando un influjo cultural decisivo.

Debemos suponer que la Iglesia arriana, hasta la conversión de Recaredo en 587, fue la principal transmisora de la cultura entre el pueblo visigodo, y pudo aspirar a reproducir las estructuras de la Iglesia católica. Pero la arriana fue, sin duda, una institución peor organizada y con una dimensión cultural muy limitada. En todo caso, inmediatamente después de su conversión, Recaredo ordenó reunir y quemar todos los libros arrianos, acabando con su legado.

Tampoco podemos olvidar el apoyo que las letras recibieron por parte de algunos reyes visigodos que, en general, mantuvieron muy buena relación con los representantes eclesiásticos más ilustrados y demostraron un gran interés en dejar constancia escrita de acuerdos, concilios y leyes.

La conquista árabe significó, sin embargo, un duro golpe para una cultura que había alcanzado en nuestra península el nivel más alto de toda la Europa Occidental. No obstante, aquella cultura sobrevivió tanto en los centros mozárabes de Al Andalus como en los recónditos reinos cristianos. En ambos casos se mantuvo una vitalidad sorprendente, como prueban las obras de Beato de Liébana en el siglo VIII, las diferentes crónicas que se escribieron en el Reino de Asturias, la actividad literaria de Álvaro y San Eulogio -entre otros- en la Córdoba de mediados del siglo IX y toda la serie de monasterios con biblioteca y scriptorium a los que hace referencia San Eulogio en las noticias queda de su viaje a Pamplona.

A finales del siglo IX, la conquista y repoblación de las tierras existentes entre la línea del Duero y la cordillera cantábrica generó la afluencia a los nuevos territorios no sólo de gentes venidas del norte cristiano, sino también de una importante cantidad de mozárabes a quienes la revuelta de los mártires cristianos había hecho la vida muy difícil en Al Andalus. En muchos casos se trasladaban comunidades completas de monjes con sus bibliotecas, así como familias de seglares que les acompañaban en la repoblación.

Beato de San Millán de la Cogolla (siglos X y XI), detalleLa fusión que se produjo entre estos dos grupos de población en los territorios cristianos del Norte, generó un amplio conjunto de manifestaciones artísticas que se han agrupado bajo la controvertida denominación de Arte Mozárabe. Siendo descendientes ambos de la Hispania visigoda, pero aportando diferentes influencias artísticas y culturales, nosotros preferiríamos definir esta eclosión cultural como “Neovisigodo”, para considerar como “Mozárabe” exclusivamente a la producción artística de los cristianos en Al Andalus, de acuerdo con su significado original.

Dentro de este Neovisigodo se incluirían no sólo la mayoría de los edificios construidos en los reinos cristianos entre mediados del siglo IX y finales del XI, sino también los manuscritos miniados que se crearon en los monasterios de la zona en ese periodo, constituyendo uno de los momentos más interesantes del arte español de todos los tiempos.

Un hecho importante a destacar en esta faceta es que hasta el siglo IX la aportación fue principalmente literaria, basada en los escritos de múltiples autores, de los que se conserva únicamente un manuscrito iluminado -el Pentateuco Ashburnham, cuyo origen español no está confirmado- mientras en el resto de los que han llegado hasta nosotros existen muy pocas miniaturas, aunque hay muchos motivos para pensar que también existieron otros códices iluminados en esas dos primeras fases. Sin embargo en los  siglos X y XI, la producción de libros estuvo dedicada principalmente a la copia de manuscritos anteriores, que se iluminaban con una miniatura de gran calidad y que destacan por su creación artística, dando origen a la eclosión de la miniatura altomedieval española.

Dado que en los apartados correspondientes de esta web se describen los manuscritos, iluminadores y scriptoria más importantes que existieron desde finales de siglo IX. aquí presentamos una relación de los más importantes centros de producción de manuscritos y de los autores con sus obras principales entre los VI y IX, periodo en que se crearon las bases literarias y artísticas de la gran miniatura mozárabe.

Bibliotecas, scriptorium y autores

Un hecho a Biblia Leonesa de San Isidoro (960), detalledestacar es que mientras esta última fase se caracteriza porque su producción de libros estuvo dedicada principalmente a la copia de manuscritos anteriores, que se iluminaban con una miniatura de gran calidad y que, por lo tanto, destacan por su creación artística, en las dos fases anteriores la aportación fue principalmente literaria, basada en los escritos de múltiples autores, que fueron copiados en los siglos posteriores dando origen a la eclosión de la miniatura de los siglos X y XI. De estas dos primeras fases sólo se conserva un manuscrito iluminado -el Pentateuco Ashburnham- mientras en el resto existen muy pocas miniaturas, aunque hay muchos motivos para pensar que también existieron otros códices iluminados antes del siglo X.

Dado que en los apartados correspondientes de este estudio se describen los manuscritos, iluminadores y scriptorium más importantes que existieron desde finales de siglo IX, aquí nos limitaremos a reseñar los más significativos de las dos primeras fases de los que nos han llegado noticias.

Bibliotecas
  • Siglos VI/VII: Episcopales: Cartagena, Sevilla, Zaragoza, Mérida, Toledo. Monásticas: Dumio (Braga), Biclara (Tarragona?), Agaliense (Toledo), Culianum (Mérida). Otras: Palacio Real de Toledo, Biblioteca del Conde Lorenzo.
  • Siglos VIII/IX: Episcopales: Toledo, Sevilla, Córdoba. Monásticas: Santo Toribio de Liébana (León), San Zoilo (Córdoba), Leire, Cilla, Siresa, Igal, Urgaspal (todos en Navarra).

Scriptorium

  • Siglos VI/VII: Episcopales: Sevilla, Zaragoza, Toledo, Mérida. Monásticos: El Bierzo, Dumio, Biclara, Agaliense.
  • Siglos VIII/IX: Episcopales: Toledo, Córdoba, Sevilla. Monásticos: Santo Toribio de Liébana (León), San Zoilo (Córdoba), Leire y Cilla (Navarra).

Autores

  • Siglos VI/VII: San Isidoro: Las Etimologías (20 libros), El libro de los varones ilustres, La Crónica, Historia de los Reyes Godos, Historia de los Reyes Vándalos y Suevos,… San Braulio: Vida de San Millán, Epistolario. Tajón: Sentencias. Sisebuto (rey): Vida de San Desiderio, El Astroniconio. San Eugenio: Poesías y otras obras perdidas. Juan de Biclara, San Ildefonso, San Julián,…
  • Siglos VIII/IX: Beato de Liébana: Comentarios al Apocalipsis, O Dei verbum, De Adoptione Christi Filii Dei, Apologético. San Eulogio; Memorial de los mártires, Documento martirial, Apologética de los santos mártires,…Álvaro de Córdoba: Epistolario, Vida de San Eulogio, Confesiones,…



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