NOTA HISTORICA SOBRE LOS VISIGODOS

  1. Origen e identidad
  2. El pueblo godo procede, según la teoría de la presión demográfica, del sur de la Suecia actual y de la línea de costa de lo que fue la Prusia oriental. Estos primeros vikingos terrestres se movieron hacia el sur a partir del siglo I d.c. Téngase en cuenta que el mundo antiguo estaba claramente polarizado en regiones civilizadas y sedentarias, y en pagos rurales de pueblos nómadas. El mediterráneo fue un núcleo geográfico que articuló redes de comercio lo suficientemente densas para favorecer la agricultura sedentaria. Y desde Asia central en un corredor que llegaba a Europa del norte se extendía el principal núcleo de pueblos nómadas vinculado a ese otro sector mediterráneo de civilización sedentaria.

    Los godos circularon sin problema por la Europa central y se instalaron en el norte del mar negro, en la región de llegada de los escitas. Desde allí y a través del comercio helénico asumieron la herejía arriana desarrollada por un monje alejandrino que podríamos tildar de antiintelectualista y demagogo. La trinidad católica no es un principio dogmático consustancial al cristianismo sino un axioma residual de la especulación de las escuelas filosóficas helenísticas. Su triunfo y aceptación no habla precisamente de su obviedad sino de la sofisticación aristocrática en que germina la Gran Iglesia. El arrianismo se opone al matiz conceptual de la trinidad para privilegiar la figura histórica de Jesús que deviene ente espiritual con los modalistas que terminan venciendo de la polémica.

    Dicho lo cual no extraña que la enseñanza arriana cunda entre los bárbaros amantes de la rudeza y que precisamente hacen virtud de la brutalidad y construyen el orgullo y la vanidad sobre el código de la venganza de sangre.

    Respecto de las acciones militares de los godos diremos que su beligerancia y militarismo se exacerban por la presión que sobre ellos ejércen los hunos y otros pueblos interpuestos. Así la primera gran victoria del godo es en Adrianápolis Plano de las invasiones de pueblos bárbaros en Españabajo la bandera de Alarico que en 378 d.c derrota al ejercito de Grecia. Esta batalla no fue una victoria pírrica sino que galvanizó al godo para el futuro y lo impulsó hacia Roma que de hecho saquea en el 410.

    Para entonces el imperio ha perdido su estructura militar originaria, aquella que hacía del soldado y labriego romano el mejor soporte del patriotismo imperial. Hacia el siglo V el sistema esta completamente corrompido y la defensa pende de contingentes sin vinculación sentimental del centro del Urbis Mundi. La germanización no solo de los cuarteles sino aun del generalato y del propio Magister Militum disocian la identidad primitiva. Son frecuentes las insubordinaciones tanto de germanos periféricos, como de romanos de cuna destacados en la periferia y también de germanos que lideran el generalato desde Roma y traicionan la voluntad de mantener el centro en Roma por la esperanza de vigorizar un imperio desfalleciente

    En esa dialéctica de centro periferia y cultura romana germana el caso de Hispania se trata de resolver contratando a los saqueadores de Roma como policía militar contra Vándalos Suevos y Alanos. Así comienza la penetración de familias de Visigodos en la península, según la filosofía de que labriegos ciudadanos de Roma son la mejor cobertura para esa policía montada que es ese mismo contingente campesino. Los visigodos por aquel entonces se han instalado en la Galia, al sur de los contingentes de Francos. Pero en el 451 muere Atila, el enemigo común de los Merovingios y Visigodos, y ya en el 507 estos dos últimos se enfrentan entre si en Vouillé.

    Por tanto el reino Visigodo hispano es fruto de una casualidad bien decantada y lejos de ser estrictamente azarosa y gratuita. Decimos que hay un sentido y una sorpresa para el curioso que reencuentra al Visigodo de Adrianápolis en los campos de Castilla.

  3. Refundación de la identidad
  4. El Visigodo llega como federado a Hispania y se convierte en ciudadano de Roma pero con la caída del imperio en 476 queda como principal contingente militar. A su llegada es un extranjero amistoso que mantiene su confesión peculiar, un poco por la inercia cultural, y porque el contrato prescribe y establece la diferencia. Recuérdese que es pueblo culto y romanizado en términos relativos pero de una veleidad claramente belicosa. Con la caída de Roma hay dos posibilidades: bien que el Imperio de Oriente asuma, no solo el titulo honorífico, sino que ejerza un control real sobre las provincias occidentales; o bien que, en nuestro caso, sean los Visigodos los que tomen el testigo.

    Hay en esta circunstancia una ambigŁedad, un tono gris marengo que hace del Visigodo un organizador y mantenedor de la tradición, un tanto negligente y abúlico. Pues efectivamente Roma se perpetúa en la Hispania Visigoda en su estructura administrativa, política ySan Pedro de la Nave. Magnífico ejemplo de la arquitectura visigoda del S. VII cultural. Si no hay conversión fulgurante al catolicismo es, visto retrospectivamente, un indicio de la precariedad del político de toda época. Los asuntos urgentes no siempre se imponen con facilidad y aún tardan en darse para que devengan tales.

    El caso es que consideramos aquí como algo objetivamente necesario el hecho político y jurídico de la conversión. La Hispania visigoda asimila todos los iconos de la romanidad, pero en 476 ser cristiano romano no es clara y automáticamente ser católico. De hecho la disolución del imperio es precondición del auge de la tendencia espiritual y de la articulación de una mentalidad nostálgica que eleva y vaporiza la percepción de Roma entre la comunidad santa de los cristianos.

    Recuérdese sobre todo que el catolicismo es el resultado de un proceso de prueba y error que hasta el s. VI no se decanta en algo más estable. Es entonces el momento de los primeros ejemplos de papas beligerantes y defensores de la confesión trinitaria. Es entre 530-560 cuando se establece la primera regla monacal con pretensiones de ser universal y de defender un espíritu casto y humilde, al tiempo que celoso y ferviente. La regla benedictina es a las herejías de la primera edad media lo que los jesuitas a la reforma protestante.

  5. El Colapso
  6. La caída del reino visigodo no es fruto de su debilidad estructural sino, justamente, de la eficacia de sus redes oligárquicas. Pues si bien lo accidentado de la geografía favorecía una bipolarización de las clientelas, la fractura fue, no atomización, sino dicotomía o guerra civil perpetua, respetando el organigrama administrativo romano. Eso si, hubo una pretensión nueva de unidad que chocaba con la geografía y el desarrollo económico.

    El visigodo, que había fundado su identidad sobre la base del patriotismo de la confesión religiosa, ve diluirse este por contacto y fusión con la sociedad hispano romana. En parte aquel da paso a un nuevo umbral de ambición política al aspirar a liderar el catolicismo en occidente.

Autor: Diego Alonso Montes