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NECRÓPOLIS DE CASTILTIERRA

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Agradecimientos

Ficha realizada por nuestra colaboradora Lucía López García.

Notas previas

  • Años 20: descubrimiento de la necrópolis.
  • 1932: primeras campañas arqueológicas dirigidas por Navascués y Camps.
  • 1941: nueva campaña arqueológica.

Entorno histórico

La necrópolis de Castiltierra, fechada entre el siglo V y principios del VIII, responde a un entorno económico agrícola, típico de La Meseta.

Descripción

La necrópolis de Castiltierra está situada  a 1 km  de la población, junto  a la Ermita  del Santo Cristo  del Corporario,  extendiéndose  de  forma  imprecisa hasta  casi  llegar a  una  loma arcillosa denominada  Cerro  Moro.


Este yacimiento fue descubierto casualmente en los años veinte al realizar la construcción de una carretera provincial que atravesó el mismo. Chamarileros y gente del pueblo expoliaron y dispersaron numerosas piezas de los ajuares. El Museo Arqueológico Nacional adquiere entre 1930 y 1932 algunas piezas procedentes de las intervenciones clandestinas. En 1932 se inician las campañas arqueológicas por Órdenes Ministeriales, dirigidas por Navascués y Camps, retomadas en 1941, cuyas piezas resultantes se encuentran hoy en museos de Nuremberg, Berlín y Colonia entre otros.


El interés de la misma reside en el gran número de de enterramientos, un total de 870, la mayoría en forma de fosa excavada en la tierra, y la cantidad y variedad de piezas halladas en los mismos.


Los ajuares



En cuanto a los ajuares, los más numerosos se fechan en el siglo VI, aunque tampoco escasean los pertenecientes a la segunda mitad del siglo V y los de la primera mitad del siglo VII. En cualquier caso, es notable la pervivencia de tipos de fíbula, bullae y otros objetos de tradición romana.


Las fíbulas trilaminares ostrogodas y visigodas evolucionan a una sola pieza y la fundición en bronce permite decorarlas con relieves, salientes y calados, difíciles de obtener con láminas de plata, y se incorporan cabujones decorativos realizados en piedra o pasta vítrea. Por su parte, las hebillas de cinturón se caracterizan por la profusión ornamental, inspirándose en el lujo de la indumentaria bizantina, y los anillos y pulseras aparecen, en su mayor parte, hechos en plata o bronce.


Si bien en todas las necrópolis visigodas se hallan collares, destacan por su mejor calidad los descubiertos en Castiltierra. Los artistas visigodos emplean en sus joyas el cristal de roca labrado (cuarzo cristalizado), que era el cristal a que se refiere San Isidoro en sus Estimologías cuando dice: “es esplendoroso y de acuosos color y se produce por el frío de las noches, durante muchos años, hielo tras hielo. Se cría en Asia y Chipre, especialmente en las montañas donde la fuerza del sol no entre ni en invierno”.


Igualmente interesantes son los restos de tejidos hallados en las sepulturas, los cuales nos hablan de la cultura de la vestimenta en época visigoda. Las sedas de Oriente traídas a la región mediterránea durante las primeras centurias de la Era Cristiana, fueron bienes muy apreciados en los sitios donde la cría de la oveja y el cultivo del lino dieron lugar al desarrollo de importantes industrias de tejidos. La Península era bien renombrada por la superioridad de sus calidades de lanas e hilos, como asimismo por la habilidad de sus tejedores. Se desconoce cuándo se empezó a combinar las lustrosas hebras con las menos costosas hilaturas, pero se sabe de un trozo de tela de esta típica mezcla de tejido, fechado hacia la mitad de la sexta centuria, procedente de la necrópolis de la que venimos hablando. La tela, que se halló pegada al broche de un ceñidor, se cree que es de seda fina, sino de hilo entretejido con una especie de fibra basta.


 

Bibliografía

– PÉREZ BUENO, Luis, Vidrios y vidrieras, Barcelona, Editorial Alberto Martín, 1942.

– VVAA., “La necrópolis visigoda de Castiltierra: Proyecto para el estudio de sus materiales”, Boletín del Museo Arqueológico Nacional,  Tomo 18, Nº 1-2, 2000, pp. 187-196.

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