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NECRÓPOLIS DE CACERA DE LAS RANAS

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Agradecimientos

Ficha realizada por nuestra colaboradora Lucía López García.

Entorno histórico

La necrópolis de Cacera de las Ranas se encuentra dentro del término de Aranjuez, a unos 8,5km de éste, próximo al río Tajo, recibiendo el nombre de un pequeño reguero o cacera que discurre por las inmediaciones. Ésta se localiza en las inmediaciones de la vía romana construida por Vespasiano y restaurada después por Trajano, que conservaba su importancia dentro del esquema de la red viaria general de la península en época visigoda. La vía comunicaba la provincia Tarraconenses con la Lusitania, y que conducía a Caesaraugusta hasta Emérita Augusta pasando por Bíbilis, Segontia, Complutum, Toletum y Augustóbriga.

En definitiva, su cronología, entre el siglo V y VII, y ubicación, el centro de La Meseta, responde a las características de ocupación del pueblo visigodo.

Descripción

La primera campaña arqueológica fue proyectada en 1988, ante el peligro que sufría el yacimiento frente a las máquinas de extracción de áridos y los detectores de metales ilegales.


La necrópolis se extiende unos mil metros cuadrados y se han documentado cerca de 200 sepulturas, pudiéndose tratar dos de ellas de panteones familiares. La distribución de los enterramientos es aleatoria, próximos entre sí a distancia regulares pero sin seguir ningún esquema y aprovechando al máximo el terreno.


El elemento más utilizado es el yeso, demostrando cierta preocupación por la arquitectura funeraria, apareciendo ocho tipologías de tumbas, siendo las más habituales la fosa revestida de lajas de yeso y las fosas excavadas sin delimitación. Las sepulturas estarían señalizadas siguiendo la práctica romana, y distribuidas por calles y pasillos irregulares.


El análisis de los restos óseos nos hablan de dos grupos de población: aquellos con rasgos físicos mediterráneos que responden al grupo hispanorromano, y personas con claros rasgos germánicos, de complexión fuerte y mayor altura. Esto, sumado a la diversidad de piezas halladas, indica una diferenciación social grande, incluso étnica.


Los ajuares


Una tumba destaca por la riqueza de sus ajuares: la denominada Sepultura 7 posee el más rico ajuar de adorno personal, integrado por un broche de cinturón de placa rectangular, dos figuras de arco, hilos de oro (pidiendo formar parte de una cinta), un alfiler y una pieza curva de utilidad confusa.


La variedad de piezas halladas en la necrópolis es grande: broches de cinturón de distintas clases, bastantes hebillas de bronce y hierro, fíbulas de muy variada tipología (aquiliformes, discoidales, de arco, de apéndices, de omega, etc.), anillos y pendientes (algunos en plata), botones, remaches, alfileres, brazaletes, cuentas de collar, etc. aparecen varios cuchillos o puñales de hierro, interpretados como útiles de caza o para el trabajo diario. La datación de dichos materiales oscila entre finales del siglo V y el siglo VII, en que la conversión al cristianismo llevaría consigo la no utilización de ajuares en las sepulturas. Esto sitúa a la necrópolis entre las más antiguas de La Meseta, adscribiéndose la mayoría de sus piezas a un periodo entre la primera mitad del siglo VI y finales del mismo.


Los restos cerámicos encontrados son muy escasos: una pequeña olla globular, de pasta gris y sin decoración, seguramente fruto de algún tipo de banquete u ofrenda.


 

Bibliografía

–  GARCÍA PERAL, Montserrat, “Necrópolis visigodas en la Comunidad de Madrid”, Arqueología de la Antigüedad Tardía.

–  BENITO DÍEZ, Laura, “Necrópolis visigodas en la Comunidad de Madrid”, Arqueología de la Antigüedad Tardía y Bizantina.

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