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CÓDICE EMILIANENSE

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Notas Previas

  • Referencia: Biblioteca del Monasterio del Escorial, (sig. D.I.1).
  • Otros nombres: Códice de los Concilios.
  • 476 folios de pergamino escritos en letra visigoda a dos columnas.
  • Más de 80 miniaturas.

 

Entorno histórico

Reunión de obisposSe trata de una copia muy fiel del Códice Albeldense, que se comenzó en el monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 776, por lo tanto muy poco tiempo después de la fecha de terminación del original, y no se acabó hasta 992. La obra fue dirigida por el obispo Sisebuto y desarrollada por el copista Belasco y el notario Sisebuto, según consta en los retratos de estos tres personajes en uno de los últimos folios del manuscrito.

El mero hecho de que el Códice Albeldense fuera cedido para su copia a San Millán de la Cogolla de forma tan inmediata, y se mantuviera allí durante tanto tiempo, demuestra las magníficas relaciones entre ambos monasterios y el interés que existía en divulgar de forma inmediata las nuevos libros que se estaban creando en los scriptorium cristianos españoles.

Este códice se encuentra en la Biblioteca de el Monasterio de El Escorial desde el siglo XVI. Fue Ambrosio de Morales quien, dentro del encargo que recibió de Felipe II de buscar manuscritos antiguos en toda España para incrementar los fondos de dicha biblioteca, lo obtuvo de Pedro Ponce de León, obispo de Plasencia, que tras su muerte en 1573 donó a El Escorial el resto de su biblioteca.

Descripción

Tanto por su gran volumen, semejante al del original, como por la calidad de sus imágenes, está considerado como la obra más importante del monasterio de San Millán. Además por las características de sus miniaturas es también uno de los más fieles al estilo de las obras de este scriptorium.

ObispoEn cuanto a su contenido incluye, como el original albeldense, la colección completa de los concilios españoles y los cánones de todos los concilios generales, la selección de cánones y las decretales de los pontífices hasta San Gregorio Magno, el Liber Iudiciorum y otros textos de historia o liturgia, como el Cronicón Albeldense, la Crónica Profética o la Vida de Mahoma. Sólo se observan muy pequeños cambios en su contenido, ya que desaparecen los poemas iniciales, hay alguna modificación en el orden de presentación de la Colección Canónica y se añade un opúsculo de San Isidoro sobre ministerios eclesiásticos y una nómina de obispos y sedes episcopales hispanas.

Sin embargo en cuanto a sus imágenes, aunque incluye un número de miniaturas y una disposición muy semejante a las del Códice Albeldense, el estilo sólo se mantiene en los primeros folios. En el resto, aunque conserva los temas y la forma de presentarlos, nos encontramos con un gran cambio en el tratamiento de las imágenes, que se comienzan a ajustar al estilo que se puede definir como típico del scriptorium de San Millán de la Cogolla, de un espíritu marcadamente hispánico, más alejado de la influencia europea. En efecto, aunque mantiene una estructura semejante de los grupos de personajes, en el dibujo de las caras comienzan a aparecer perfiles cóncavos de prominente barbilla y labios salientes, bocas formadas por una línea sinuosa paralela al borde inferior de la nariz y orejas bilobuladas que destacan sobre el pelo. Los ropajes y su tratamiento también cambian, incluyendo un delantal o faldellín corto en muchos de los personajes y se sustituyen los plegados verticales a base de líneas paralelas por mantos que se amplían desde la cintura hacia los pies y que en algunos de ellos presentan los laterales escalonados; todo ello con una decoración aún más rica que en el albeldense. El colorido es también el habitual en la producción de San Millán de la Cogolla.

También encontramos detalles de estilo que son propios de Belasco y no se repiten en otros manuscritos del mismo origen, como su tendencia a utilizar los dorados con una gran profusión, no sólo en utensilios de culto y en las letras capitales, sino también en la decoración de los ropajes y de los animales. Las manos siguen siendo de gran tamaño y en posturas que dan sensación de movimiento, pero en este caso destaca de forma especial el enorme tamaño que tienen los brazos, muy desproporcionados con el resto del cuerpo.

En este manuscrito se demuestra nuevamente el espíritu ecléctico de la cultura altomedieval española y a la gran personalidad de los artistas que se desarrollaron en esa época, ya que pesar de tratarse de un trabajo enfocado exclusivamente a obtener la primera copia de una obra de gran transcendencia, que además se desarrolló en el scriptorium español que tenía el estilo propio más definido, y aunque también parece evidente que su artífice quiso respetar ambos aspectos, en el Códice Emilianense volvemos a confirmar que la principal seña de identidad de cada uno de los manuscritos más interesantes de esa época que se han conservado es la impronta de su autor, aunque siempre dentro de un espíritu y de un marco de influencias artísticas comunes.

En este códice también se incluye, copiado del Albeldense, el registro de las nueve cifras hindú-arábigas, por lo que es el segundo manuscrito conocido en el que aparecen escritas en el mismo formato que se utiliza en la actualidad.

 

Bibliografía

Historia de España de Menéndez Pidal: Tomos VI y VII*
SUMMA ARTIS: Tomos VIII y XXII
L’Art Préroman Hispanique: ZODIAQUE
Arte y Arquitectura española 500/1250: Joaquín Yarza

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